Es comúnmente aceptado que la Restauración supuso para España uno de los más prolongados períodos de estabilidad política, un cuarto de siglo de alternancia entre dos partidos, sin pronunciamientos ni cambios violentos, y todo ello en el turbulento siglo XIX, después de los reinados de Fernando VII e Isabel II y tras la primera República, período todo él convulso y globalmente negativo.
Aunque es cierto que la Restauración concluyó con el siglo, con los episodios de independencia cubana, guerra con los Estados Unidos etc. la época que siguió, ya en el siglo XX fue de nuevo convulsa, con dictadura, república, guerra civil, nueva dictadura…… La estabilidad y la alternancia de poder sin graves alteraciones tardaron mucho en volver a nuestro país.
El artífice, creador y protagonista de este período, D. Antonio Cánovas del Castillo, es a mi juicio, un personaje del cual cabe hablar en un blog en el que se une la historia y el liderazgo y que lleva 40.000 páginas leídas sin mención, que yo sepa, a su figura.
No sólo fue varias veces primer ministro, es decir, la máxima figura política de su tiempo sino gran comunicador, con enorme facilidad de palabra, intelectual, ensayista, literato e historiador destacado; fue miembro numerario de cinco reales academias: la de la Lengua, la de Historia, la de Bellas Artes, la de Jurisprudencia y Legislación y por último la de Ciencias Morales y Políticas. El contraste con nuestros actuales políticos es llamativo.
Me parece muy interesante destacar un episodio: el denominado Pacto de El Pardo.
De forma inesperada y temprana fallece Alfonso XII y parece que la Restauración, como sistema político puede terminar: Isabel II, la reina madre cree que puede ser ella, mejor que su nuera Cristina, la regente y para apoyarla tiene a su grupo trabajando; los carlistas por otro lado también se mueven; los republicanos conspiran. Cánovas, en el poder, parece debía haberse mantenido el tiempo necesario para asegurar la sucesión (no había nacido Alfonso XIII) y con ella el sistema.
Mediante el pacto de El Pardo, lo que hace es dimitir y aconsejar a la regente Cristina para que nombrase a su rival político, y jefe de la oposición, Sagasta, quien accedería por primera vez al poder y se iniciaría la famosa alternancia. Con este gesto, Cánovas interpreta y los hechos posteriores le dan la razón, que su rival, aunque lo juzgaba menos entusiasta con la restauración, remaría en la misma dirección (arrimaría el hombro como dicen ahora los políticos de izquierdas) y se comprometería con la causa común.
Cánovas, es de suponer, se consideraba más capaz que Sagasta, no creía en las ideas de éste, pero sí en la rectitud de su proceder; veía peligro en que los seguidores de su rival se dispersaran y prefería un partido rival unido entorno al poder (no estaba muy fuerte el partido llamado fusionista) antes que dividido y con tendencia a engrosar las filas de los que se oponían al sistema entonces vigente. Convirtió a su opositor el partido liberal-fusionista en el partido del poder y afrontó las numerosas críticas de su propia gente.
Esta jugada evidentemente puede considerarse en términos de pura y muy fina estrategia política, pero también como ejemplo de mirar el bien común o los intereses del conjunto de la sociedad antes que los intereses partidistas propios, con sacrificio, incluso de su propia posición dominante y la de su gente.
A mí me gusta la segunda tesis, especialmente porque se vislumbra un gesto de un líder, seguramente incomprendido por sus partidarios, su equipo, quienes estarían convencidos que las capacidades de su líder eran incuestionablemente mejores que las de su eventualmente favorecido rival.
La mención a este suceso histórico puede ser oportuna en una época actual en la que llevamos años con problemas y amenazas terribles y no se ha visto, ni es previsible que se vea en el futuro, el más mínimo atisbo de grandeza de miras en nuestros políticos para sacarnos del lío en el que ellos mismos nos metieron.
Creo que esta figura histórica no ha sido tratada justamente: la Dictadura de Primo de Rivera lo criticó por liberal, la Segunda República por monárquico, el régimen de Franco, de nuevo, por liberal y supongo que ahora por conservador.
Supongo que el líder también destaca por ser incomprendido.
Por cierto, Antonio, tu tocayo Cánovas era bajito, como a ti te gustan los líderes, pero además, siguiendo descripciones de periodistas de la época, era también delgaducho, bizco de un ojo, guiñaba el ojo que es una compasión, torcía la boca, hacía mil gestos, jamás supo abotonarse una prenda en su sitio y se dice que el mejor sastre de la época en Madrid se negó a vestirle por no desacreditarse.
Una joya para ti, ¡vamos!
Nota de A. Ortega.- José Vicente Esparza, ha ocupado puestos de muy alta responsabilidad en el sector financiero tanto en España, como en Brasil. Su vocación por la historia española me hacen considerarlo, sin ninguna duda, un experto con especial predilección por el periodo comprendido entre los siglos XVIII y XIX. Su generosidad, además, le han llevado a participar ya alguna vez anterior en este blog, compartiendo con todos nosotros su visión siempre acertada. Yo se lo agradezco de corazón, y espero que ésta no sea la última vez.

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