viernes 28 de octubre de 2011

Grecia, su deuda y los derechos de autor



En opinión de los más radicales, Grecia debería ser expulsada del paraíso utópico que alguna vez soñó con ser Europa. La desastrosa situación económica por la que atraviesa este pequeño país (su PIB viene a ser como la quinta parte del de España, y bastante menor que, por ejemplo, la facturación anual de Walt Mart o similar a la de algún grande de la industria del automóvil), ha provocado una reacción en cadena en la endeble estructura institucional (en especial en asuntos financieros) de la Unión Europea.

Al hilo de ello, me gustaría hacer algunas reflexiones:

- La primera, es lo afortunados que somos de tener a alguien al que echarle la culpa de todo, que es una acción previa a tratar de eludir la responsabilidad de nuestros propios errores: los griegos, por ejemplo, no obligaron a los españoles a incrementar su déficit, ni a construir una colosal burbuja inmobiliaria, ni a descontrolar (supervisor ausente) las Cajas de Ahorros.

- La segunda, es que no se han producido los movimientos, de signo contrario, tan habituales en conflictos recientes:

El primero, el de los proteccionistas del medio ambiente, que han formulado en muchas ocasiones, la necesidad de pagar alguna especie de canon a los países amazónicos, para retribuir el oxígeno que producen sus bosques, y ayudar a su preservación.

El segundo, el de los intelectuales que han defendido sus derechos de autor, en contra de las descargas gratuitas de internet.

Y yo (con cierta socarronería, tengo que advertir en estos tiempos tan carentes de sentido del humor, pero con algo de trasfondo serio), me pregunto:

¿No es la cultura algo tan necesario para el hombre como el propio oxígeno?

Los griegos, alguna cosa sí que parece que hicieron a favor de nuestra civilización: ¿no tendríamos que pagarles los derechos de autor de Homero, Jenofonte o Eurípides? ¿Qué royalty merece el invento de la democracia? Para los cristianos, Platón y Aristóteles impregnan nuestra religión. La belleza, el arte, que a tantos nos conmueve y ha sido fuente de inspiración universal, ¿no tiene un precio?

Para los que todo esto les parezcan antiguallas, que recuerden que diálogo (lo que hacen, o deberían hacer, los políticos en las cumbres que deciden nuestro destino) es palabra griega y la herramienta preferida de Sócrates; o que tecnología también lo es y que fue precisamente Prometeo quién la robó a los dioses, junto con el fuego, para permitir así el progreso de la humanidad.

Por favor, un respeto a nuestros mayores.


2 comentarios:

  1. La idea es muy buena y es una pena no poder hacerla realidad, pero nos encontramos con que los derechos de autor tienen una fecha de caducidad.
    Terol.

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  2. Muchas gracias, Terol, por tu comentario.

    Realmente es una paradoja que las cosas eternas, y precisamente por eso, caduquen. Estamos en la cultura del yogourt (válido para una semana), que, casualmente, también es griego.

    Saludos,

    Antonio

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