domingo 27 de noviembre de 2011

Debates, por José Vicente Esparza



En la empresa privada la selección de personal suele encomendarse a asesores externos o a departamentos propios especializados, si la empresa es de gran tamaño: los criterios de admisión descansan en primer lugar en el curriculum (formación académica, experiencia profesional, idiomas), en los contrastes externos (si es posible se buscan referencias) tratando de asegurarse que la persona elegida tenga dedicación, compromiso, fidelidad y se acude, por último, a las entrevistas en las cuales el candidato muestra sus habilidades en el campo de la comunicación. Aquí se contrasta la facilidad de palabra, algunos rasgos de la personalidad, el aspecto externo, etc.

Con este conjunto de información se decide. El peso de cada componente en la decisión difiere en función del tipo de puesto a ocupar: el curriculum académico primará en las posiciones más elementales, el profesional quizás en las más técnicas, la entrevista en las más comerciales, las referencias y el historial profesional en las más elevadas.

En la administración el criterio es diferente: lo importante son los conocimientos específicos medidos por la superación de una oposición. El candidato que gana una plaza de funcionario, garantiza al empleador que conoce una materia y la ha trabajado a fondo; importan menos o nada todos los factores anteriormente citados.

Superados todos los escalones funcionariales, en la cumbre de la administración aparecen los políticos; aquí ya no vale ni el currículum ni la oposición ni las referencias, ni el historial, ni los idiomas, ni la experiencia: lo importante es la amistad con el líder y la fidelidad al mismo. Los partidos reparten las posiciones, objetivamente trascendentales para la sociedad en función de criterios cada vez menos defendibles desde un punto de vista teórico.

Pero, ¿qué ocurre en lo más alto de lo alto de la pirámide?, ¿qué criterios se siguen para elegir entre los líderes al que tiene que gobernar?, ¿cómo dirimen los partidos la pugna electoral?, lógicamente con las elecciones, pero ¿qué es lo importante en las elecciones?.....currículum académico, dedicación, conocimientos profesionales, experiencia, idiomas, oposiciones superadas, todo esto no es que pase a segundo término, es que materialmente desaparece.

Aquí es cuando aparece todo el mundo de la comunicación y muy especialmente el debate político como elemento de gran importancia.

Lo que se debiera buscar en el líder político que asume el poder ejecutivo es la eficacia, la fidelidad a un programa, la ideología, la grandeza de miras, la capacidad de trabajo, la honestidad, la sinceridad, su capacidad de convicción y de comunicación (por supuesto), pero no creo que sea tan importante su habilidad en un debate televisado para ser más rápido, ocurrente o incisivo, con más recursos, más sagaz, atrevido, desenvuelto, simpático, físicamente atractivo, etc.

Entiendo que cada persona tiene una diferente capacidad de procesar datos a la hora de actuar en un debate político: hay quien es más lento porque procesa más variables y por ello sus conclusiones podrán ser mejores, pero sin la rapidez de otro más superfluo. Habrá quien es más respetuoso con el contrincante por motivos elementales de educación, o más prudente a la hora de hacer promesas.

En definitiva, me preocupa el tema de los debates, es decir, la extraordinaria importancia que se le da al hecho de enfrentar a un candidato al otro para ver quién gana en la confrontación. Este es un procedimiento que jamás se dará como elemento clave en la empresa, tanto privada como pública. ¿Alguien se imagina un debate en la Junta General de Accionistas de una gran sociedad entre los candidatos a ocupar la presidencia?

Recordemos el debate de Pizarro-Solbes; uno llega del mundo privado donde seguramente ha tenido menos oportunidades de debatir en público, otro procede de la política donde de esto se sabe bastante. Debaten, uno gana y otro pierde. El tiempo da toda la razón al perdedor, pero éste, aburrido, tiene que dejar el partido que le aupó porque no supo vencer en un importante debate, aun a sabiendas de que en el fondo de las cuestiones debatidas el vencedor absoluto fue él.

Hace unos días, hemos sido testigos, una vez más de ese circo. ¿Alguien piensa que valió para algo? Es más, ¿alguien piensa que valió para algo toda la campaña electoral, especialmente los mítines?

Pues ha costado 120 millones de euros.



Nota de A. Ortega.- Con esta entrada de José V. Esparza, excelente como todas sus aportaciones, vamos a dar por finalizado un grupo de post que hemos venido dedicando a la política reciente. Creo que ha sido inevitable, dada la situación que vivimos y las recientes elecciones en España. Pero ya está bien. El objetivo de este blog es revisar la historia para ver lo que podemos aprender de ella. Realmente, de nuestra época y nuestros líderes podemos sacar pocas lecciones. Siento ser tan pesimista, pero es lo que hay. Gracias a todos y la próxima entrada trataremos de dedicarla a temas que nos eleven el espíritu.

1 comentarios:

  1. Felicitaciones al Sr.Esparza por sus reflexiones sobre "Debates".Pero qué pena,que termine con la pregunta si ha servido para algo,el último debate entre nuestros líderes politicos.Participo también de sus dudas sobre su utilidad.Pero quÉ pena (POR EL COSTO
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    UN CASTUO

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