Terminábamos el anterior comentario con una pregunta inquietante “suponiendo que alcanzáramos un acuerdo generalizado sobre lo que se entiende por una persona rica ¿Sería posible someter a tributación efectiva a esa riqueza?”
La hacienda pública moderna se ha construido sobre el principio de soberanía tributaria que se corresponde con un ámbito territorial determinado principalmente referido a un estado nacional.
Pero ocurre que los flujos económicos y especialmente los financieros no están sometidos a las mismas reglas de territorialidad y, en consecuencia, los gobiernos tienen una limitada capacidad de acción sobre aquellas rentas que pueden deslocalizarse con facilidad. Esta circunstancia ha sido aprovechada por algunos estados para atraer fondos con el señuelo de una baja tributación. Aunque desde diversas instancias, nacionales e internacionales, se han dictado normas para perseguir estas prácticas; lo cierto es que existe una amplia variedad de instrumentos para reducir sensiblemente la tributación mediante la movilidad de capitales financieros.
Por otra parte, los que pudiéramos denominar “estados serios” se han visto forzados, para defenderse de estas prácticas, a admitir determinadas opciones y fórmulas fiscales que mediante una tributación atenuada faciliten la retención de los capitales propios.
Desde la perspectiva del sometimiento a tributación se dibujan dos tipos de rentas: cautivas, que no se pueden esconder ni deslocalizar; principalmente rendimientos del trabajo y libres, en las que el contribuyente tiene un amplio margen de acción; particularmente rentas financieras y ganancias patrimoniales.
El legislador tributario queda sometido a un dilema que le lleva a tener que elegir entre aplicar estrictamente el principio de justicia y devenir, no solo ineficaz sino contraproducente al ahuyentar los capitales, o bien diseñar un sistema tributario que sacrifique la justicia formal en aras de la eficacia.
En definitiva, mientras no se resuelva la contradicción actual de abordar problemas globales desde instituciones nacionales o locales será difícil hacer pagar a las grandes fortunas por encima de lo que estén dispuestos a aceptar.
Pero volvamos a la cuestión inicial ¿Quiénes son los ricos a los que tan frecuentemente se alude como los destinatarios naturales de una mayor tributación?
Excluidas las rentas medias y bajas por razones evidentes y descartadas las grandes fortunas por los motivos expuestos, solo cabe calificar como ricos a quienes lo son sólo a efectos fiscales por soportar una mayor tributación y que generalmente coinciden con los sectores más dinámicos y preparados de la sociedad.
La demagogia política ante la impotencia para hacer pagar más impuestos a los auténticos ricos, ha optado por llamar ricos a quienes pagan más impuestos.
Escribo estas líneas en este atardecer, adelantado por el cambio horario, de la víspera de la fiesta de Todos los Santos. He regresado de un almuerzo con un ilustre amigo catedrático de una gran universidad pública madrileña. Me comenta en nuestra grata conversación que las autoridades de su universidad han concedido el día libre para que se pueda disfrutar del llamado puente.
El tiempo constituye el bien más preciado que se nos otorga a los seres humanos y, me pregunto, si quienes poseen esa forma de riqueza, acaso los auténticos ricos, no estarán obligados en esta hora en que a todos es exigible un esfuerzo de solidaridad, a prestar su contribución de modo más responsable, especialmente cuando tienen encomendado la función de enseñar el camino a nuestros jóvenes.
Exíjase, si así se considera conveniente, un esfuerzo adicional de solidaridad a quienes se denominan ricos por lo mucho que tributan; pero sin olvidar que la obligación de contribuir a las cargas públicas alcanza a todos y la prestación debida tiene muy diversas manifestaciones más allá de las estrictamente monetarias.
Nota de A. Ortega.- Esta es la segunda colaboración en este blog de Arthur Nearhill, brillante fiscalista, a quien se lo agradezco enormemente. El tema elegido es oportuno ante el debate político de quién debe, o no debe, pagar más. Nearhill lo trata con rigor y con una sutil y descarnada ironía: “La demagogia política ante la impotencia para hacer pagar más impuestos a los auténticos ricos, ha optado por llamar ricos a quienes pagan más impuestos”.
¡Enhorabuena: si Vd. paga es que es rico!

Estoy totalmente de acuerdo con el contenido. Es más, me gustaría aclarar los conceptos de proporcionalidad y progresividad en el impuesto la renta.
ResponderSuprimirSi un sistema fiscal establece un tipo impositivo único sobre la renta (en España lo hubo antes de la reforma de Fuentes Quintana), tiene una imposición proporcional. Supongamos que del 15%, sus efectos serían en un ejemplo:
Quien gana 100 pagará 15 y quien gana 1000 pagará 150; es decir, en un sistema proporcional quien más gana más paga, al aplicar el tipo único sobre una cantidad mayor
En un sistema progresivo, como el español, por cierto desde hace muchos años, el tipo impositivo es mayor cuanto mayor es el nivel de renta.
En nuestro caso si el que gana 100 paga 15, el que gana 1000 paga bastante más que 150
Esto es muy elemental, pero uno está acostumbrado a escuchar muchas tonterías, una de ellas confundir a los ricos con los que más pagan, efectivamente, pero también se dice que en España deben contribuir por renta más los que más ganan sin saber que si ya pagan más los que más ganan en un sistema proporcional, en un sistema progresivo como el español esto se realiza de forma muy acusada, es decir de forma progresiva o más que proporcional
Y nadie les rebate su tesis.
El tema fiscal siempre propicia la demagogia. Sin ir mar lejos, hemos tenido en Alemania un debate similar pero a la inversa, protagonizado por los liberales del FDP que están pasando sus horas más bajas en décadas y ya no saben qué hacer para conseguir votos. Hace meses que iban dándole la lata a Merkel para una bajada de impuestos y tenían a toda la ciudadanía en contra. Y eso a pesar de que seguimos en crecimiento ( y que dure!) Finalmente se han salido con la suya con una rebaja cosmética para compensar la inflación, por lo que tiene un efecto neutro. Pero todos contentos ...
ResponderSuprimirSaludos,
Me solidarizo y hago mio el comentario del Sr.Esparza.
ResponderSuprimirun castuo
Gracias a todos por vuestras aportaciones.
ResponderSuprimirEmpezamos una nueva etapa política, veremos si fiscal...
Saludos,
Antonio